Una policía democrática

Una de las transformaciones más urgentes a considerar en la reforma policial es la instalación en Carabineros de una verdadera cultura de respeto a los derechos humanos.

Esto implica, en primer lugar, cambios drásticos para erradicar cualquier actuación generalizada de atropello a derechos fundamentales como la dignidad y la integridad física, el derecho a reunión pacífica, los derechos de las personas detenidas o el incumplimiento del principio del uso gradual y progresivo de los métodos de dispersión.

En segundo lugar, se deben crear condiciones para que las conductas individuales de vulneración a dichos derechos fundamentales sean inmediatamente denunciadas y castigadas.

En tercer lugar, lo más desafiante, es construir una nueva cultura organizacional para que la policía sea la primera línea de defensa y promoción de los DD.HH. en Chile.

Estos cambios requieren una profunda revisión de la formación de todos los funcionarios, oficiales y suboficiales, dando herramientas para una aplicación real de los protocolos en los procedimientos operativos y vinculando su correcto uso en las evaluaciones de desempeño y ascensos. También debe hacerse una revisión exhaustiva de los mecanismos de control interno y externo para investigar y sancionar abusos.

Tal como señalan las recomendaciones de Human Rights Watch, se debe «reformar el sistema de disciplina para que las decisiones disciplinarias las adopte una autoridad que no esté en la cadena directa de mando de la persona implicada». Finalmente, debe avanzarse mucho más en la rendición de cuentas a la ciudadanía, materializando el monitoreo y la dependencia de los uniformados ante el poder civil.