La policía que necesitamos

El costo humano ha sido altísimo. Lo hemos comprobado con dolor durante el estallido social, donde quedan más preguntas que respuestas frente a las vejaciones y atropellos generalizados a derechos fundamentales.

Frente a esta grave situación, hay alternativas viables y conocimiento acumulado. Es importante recordar que junto con documentar las violaciones a DD.HH. ocurridas desde octubre 2019, los informes de Human Rights Watch y la Oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas (ACNUDH) han entregado a las autoridades recomendaciones basadas en las mejores prácticas internacionales.

Es el gobierno el que tiene la palabra. Hay dos tareas ineludibles. Primero, dar curso a las recomendaciones de los organismos internacionales, invitados por el propio Ejecutivo a estos efectos. La Oficina de ACNUDH en América del Sur ha manifestado que desde la fecha de entrega del informe no hay “avances significativos”.

Si tomamos en cuenta la extensión de la crisis y el consenso transversal, tenemos una oportunidad única para iniciar este proceso.

Debemos construir una policía democrática, que sirva a la ciudadanía con transparencia, con sujeción plena a la autoridad civil y con un apego estricto al respeto de los derechos de cada habitante de Chile.