Control civil, formación profesional y DD.HH.

Ricardo Montero
The Clinic
30.01.2020

Carabineros, la institución a cargo de velar por la seguridad pública y la convivencia cívica, esenciales para el desarrollo y la paz social, requiere de manera urgente una reforma profunda. 

Durante los últimos años se hicieron tristemente evidentes diversas problemáticas que mostraban la necesidad de cambios en la institución. Pero fueron las reiteradas violaciones a los Derechos Humanos (DD.HH.) durante las movilizaciones sociales que ocurrieron a partir de octubre –denunciadas de manera consistente por diversos organismos tanto nacionales como internacionales— las que marcaron un punto de inflexión. Estas conductas detonaron, de la peor forma, la urgencia de una reforma a Carabineros. 

Hoy más que nunca, Chile requiere de una policía que centre su actuar en el servicio público, tenga foco en las personas y fortalezca el vínculo con la sociedad de la que es parte. Una policía uniformada que sea capaz de establecer un nuevo pacto con la ciudadanía y garantizar un accionar basado en el respeto irrestricto a los derechos humanos, la justicia y la igualdad. Nuestra policía debe contar con una formación profesional de alto nivel que la transforme en un servicio calificado, en perfeccionamiento constante y especializado. 

Es imprescindible que Carabineros cumpla con altos estándares democráticos, de transparencia y rendición de cuentas tanto al Estado como a la ciudadanía. Estos estándares son los que le permitirán ser una institución con la legitimidad necesaria para cumplir con su labor. Estos, son los mínimos que una policía moderna debe incorporar en su ADN.

Para construir esta policía, el poder político debe estar a la altura y hacerse cargo de la inexcusable responsabilidad que le corresponde en la conducción de Carabineros. En la misma línea, nuestro país debe formar funcionarios civiles de carrera que cuenten con las capacidades necesarias para garantizar un sistema de control, monitoreo y evaluación permanente de la seguridad pública. Si bien para nuestro país esto puede resultar novedoso, en los países con los que nos gusta compararnos es la norma y un mínimo democrático.

La subordinación al poder civil, el servicio público con foco en la ciudadanía, los sistemas de control y el respeto a los DD.HH. son los principios orientadores que deben guiar la reforma. Todos ellos fueron considerados por la Comisión de Reforma a Carabineros para emitir su informe con recomendaciones, entregado a los tres poderes del Estado. 

Los integrantes de esta comisión estamos convencidos que la reforma a Carabineros es una prioridad del Estado y, conscientes del desafío que implica, creemos que su elaboración debe ser fruto de un acuerdo robusto y transversal, que vaya más allá del gobierno de turno, cuente con el apoyo de la institucionalidad para llevarla a cabo y se proyecte a largo plazo. 

Sin duda, la reforma debe ser liderada por el Ejecutivo y debe contar con la participación de los otros poderes del Estado, así como de Carabineros, expertos, académicos y la sociedad civil. Sólo de esta forma podremos construir como sociedad la policía de Carabineros que necesitamos.